Redactado por Ozewa


Contar una pequeña parte de este libro, es contarlo todo. No porque Ricardo Mariño haga un mal suspenso en él, pues al contrario, el fuerte de esta obra es justamente ese. La historia es totalmente atrapante, al punto de que el lector es incapaz de dejar el relato de lado: una vez que lo comienzas, lo terminas. No hay tiempo para las pausas.Lo que sucede es que la obra es cortísima. Sin embargo, en sus apenas 88 páginas este libro hace gala de una prosa exquisita, haciendo uso de las descripciones necesarias como para caracterizar sin aburrir al lector. Narrando todos los sucesos de manera rápida, sin reparar en muchos detalles, sólo en los suficientes para ambientar el relato y hacer de esta novela (que es más bien un cuento largo, o nouvelle) una historia terrorífica que, al menos a un niño -que es el público al cual está dirigida-, evocará inquietantes sensaciones.La primera vez que leí La Noche de los Muertos, fue porque lo debía hacer para el colegio. Nunca me había gustado leer, y por ello, retrasaba a más no poder la lectura de un libro. Sin embargo, este libro se me pasó volando; y lo más increíble es que lo leí a altas horas de la noche y no, no me dio sueño.
Debo admitir que en aquel entonces -cuando tenía alrededor de 12 años-, el terror me invadía al dar vuelta cada página, especialmente por las ilustraciones que traía; pero también por la forma en que podía imaginar, tras cada línea y tras cada párrafo, qué había más allá de lo que el narrador estaba mostrando.
Como bien podrán ver, este es un libro al que le tengo mucho cariño. A causa de ello, he decidido dedicar mi primera reseña literaria a esta novela. Y es que he leído este relato en más de cuatro ocasiones. Me fascina tanto que incluso he inspirado la letra de una de mis canciones en él (así es, tengo una banda).